Lluvia floja intermitente todo el día, poco apetecible para hacer planes de fin de semana.
Sin novedad por el pueblo, la actualidad nacional ha recibido la mala noticia del fallecimiento del actor Fernando Esteso a los 80 años. Este zaragozano, criticado y aplaudido a partes iguales, era el amigo eterno al que casi cualquiera hubiera invitado a una comida o una fiesta, por su simpatía y buen rollo.
Pícaro y siempre sonriente, artista, cantante, actor, "binguero", vividor, antihéroe y atrevido, surgió en un momento social comprometido con la llegada de la democracia a España a través de sus películas del "destape" junto con su infatigable compañero de correrías, Andrés Pajares, obras que hoy parecen inocentes cervatillos en el mundo de internet, pero en su momento fueron un gran éxito en la reprimida España del post-franquismo.
Este humor y su manera libre de expresarse -políticamente incorrecta-, probablemente le haya llevado a no recibir ningún Goya, ni siquiera el "de Honor". Aun así, fue recuperado y homenajeado por directores como Álex de la Iglesia o Santiago Segura y sobre todo, por el aplauso del público y la risa libre, hoy tan escasa y complicada.
Nos queda el recuerdo del hombre que enseñó que la vida, con un buen amigo y una carcajada, siempre es mejor, marchándose fiel a esa letra que hoy suena a testamento vital: "Nunca quise ser el rico del cementerio, moriré feliz y envuelto en un gran misterio".
Descanse en paz, el alma de la fiesta.
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