Buen día, sin mucho calor.
La presencia en el aparcamiento del restaurante Linares de un Bentley 3 Litre Toure de la década de 1920, nos muestra hasta que punto la fiebre del eclipse llena la provincia de Burgos de turistas nacionales e internacionales en un despliegue de locura colectiva: Reservas hoteleras y de restauración completas, agotadas las gafas en las ópticas y tiendas especializadas, hasta una parcela del páramo burgalés se alquila por 5000 euros, muy cerca de nuestro pueblo. Todos esperando ansiosos el gran momento, aunque la mayoría en su vida jamás hayan mirado al cielo más que para ver si llueve o nieva, pasa un avión o una sesión de fuegos artificiales.
Un comportamiento colectivo difícil de entender, que demuestra hasta qué punto un acontecimiento, natural o artificial, puede llegar a controlar o condicionar la vida de miles o millones de personas, muy similar al de una final de fútbol, cambiando el terreno de juego, el espectáculo y el protagonista, siendo el mecanismo muy parecido: durante un breve espacio de tiempo, casi todo el mundo quiere estar allí. Por lo menos y por esta vez, dejará una buena promoción y rendimiento económico para la provincia, que será muy bienvenida en los negocios locales. Quizás esta sea la verdadera magia del eclipse.
Por cierto, mucho menos promocionada que el fenómeno astronómico, será la entrada en vigor del nuevo Reglamento Europeo de Envases que comienza a aplicarse mañana 12 de agosto "a la sombra del eclipse", nunca mejor dicho. Mientras todos miran al cielo, Bruselas estrena otra regulación que directa o indirectamente, puede o acabará suponiendo una nueva punción en los bolsillos de los europeos; el tiempo lo dirá.

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